Una invitación a redescubrir

Por Bianca Pinnola, asesora pedagógica de LIV


"La vida es demasiado valiosa para desperdiciarla en un mundo desencantado."

Mia Couto

Mirar nuestro entorno con curiosidad puede cambiar la forma en que vivimos cada día y abrir la puerta a experiencias extraordinarias. ¿Qué pasaría si nos acercáramos a lo que ya conocemos como si lo viéramos por primera vez?

Esta es una invitación a crear encuentros significativos con las personas, los lugares y los momentos que forman parte de nuestra vida cotidiana. A detenernos para observar aquello que, por la prisa o la costumbre, solemos pasar por alto.


Quienes convivimos con niñas y niños sabemos que ellos descubren el mundo con una capacidad de asombro única. Como apenas comienzan a explorarlo, cada experiencia representa una oportunidad para sorprenderse. Caminan atentos a los pequeños detalles y encuentran belleza donde los adultos ya casi no miramos.


"¡Qué bonita se ve el agua saliendo del suelo!", dice una niña al descubrir una fuente en una plaza.

Entonces surge una pregunta: ¿los adultos todavía somos capaces de relacionarnos con el mundo de esa manera?

Si queremos vivir experiencias que realmente nos transformen, vale la pena desaprender un poco. Al encontrarte con una persona, un lugar, un acontecimiento o incluso un objeto, intenta hacerlo sin prejuicios y con la disposición de descubrir algo nuevo.


Permítete dejar de lado las respuestas automáticas y observa con atención aquello que normalmente consideras cotidiano. Quizá descubras belleza en los detalles más simples.


Vivimos tan deprisa que pocas veces dejamos espacio para volver a maravillarnos. Entre pendientes, horarios y responsabilidades, la rutina puede hacer que pasemos por alto esos pequeños momentos que dan sentido a nuestros días.


Los afectos se construyen en el presente. Por eso, siempre que puedas, sal del piloto automático, presta atención a las pequeñas cosas y date la oportunidad de vivir plenamente el momento.



Te proponemos algunos ejercicios para practicar esta mirada:


  • Recorre tu casa e intenta descubrir un detalle que nunca habías notado.
  • Mira a alguien que conoces desde hace años como si fuera la primera vez.
  • Observa tu cuerpo y encuentra algo que nunca habías visto con atención.
  • Intenta descubrir el sabor del agua.
  • Recorre un lugar conocido como si fueras un turista.
  • Siente la temperatura del aire sobre tu piel.
  • Observa con atención a las personas con las que te cruzas durante el día.
  • Disfruta tus alimentos lentamente, saboreando cada bocado.
  • Atrévete a cuestionar algunas de tus certezas.


Y, sobre todo, no dejes de mirar hacia donde apuntan los dedos de tus hijas e hijos. Su forma de observar el mundo es sensible, curiosa y profundamente poética. Permite que te enseñen a mirar la realidad desde la perspectiva de la infancia.


Escuchar a otra persona y abrirnos a su manera de comprender el mundo implica reconocer que nuestra visión no es la única. En ocasiones significa renunciar a la necesidad de tener siempre la razón o el control. En una sociedad donde las respuestas suelen pesar más que las preguntas, dejarse sorprender puede ser un acto profundamente transformador.


Más aún cuando quienes nos invitan a hacerlo son las niñas y los niños, a quienes normalmente somos nosotros quienes enseñamos, orientamos y ponemos reglas.


Las explicaciones científicas responden muchas preguntas, pero eso no significa que debamos perder la capacidad de maravillarnos. Volver a preguntarnos cómo vuelan las aves o cómo la Luna parece flotar en el cielo nos recuerda que aún podemos mirar el mundo con curiosidad.


Conservar esa capacidad de asombro es una forma de mantener viva nuestra conexión con la vida.

Hace algunos años le pregunté a una niña de seis años qué significaba ser niña. Después de pensarlo un momento, respondió con la sencillez de una poeta:


"Ser niña es como una fiesta de cumpleaños, pero en forma de persona."

Y tenía razón.

En cada cumpleaños celebramos la vida y todo lo que está por venir. Las niñas y los niños tienen ese mismo poder: recordarnos que siempre hay algo nuevo por descubrir, algo que admirar y algo que celebrar.

Disfrutemos la fiesta.

LIV es el programa que desarrolla el pilar socioemocional en las escuelas, creando espacios de diálogo y escucha para ampliar la comprensión de uno mismo, del otro y del mundo.


#PorUnFuturoEmocionante